He aquí una pregunta que los compradores de automóviles de alto nivel y de gran renombre generalmente no se preocupan en hacerse: ¿Cuánto está pagando por el automóvil y cuánto está pagando por la chapa que representa el nombre de la marca?
No hay ninguna duda de que las empresas como BMW, Porsche e incluso Toyota pueden cobrar más que sus principales competidores. Hasta cierto punto, es algo justo. Cuando se fabrican automóviles atractivos y se crea una reputación durante décadas, la gente estará más que feliz en extender los cheques. El único problema es cuando una empresa empieza a salirse del camino, disminuyendo la velocidad para admirar su bella imagen en el espejo retrovisor.
Cuando eso ocurre hoy, puede estar seguro de que un perro aparentemente inofensivo pero hambriento le echará una carrera y le morderá, digamos, en el baúl. Una llamada de atención de los japoneses Hoy en día nadie duda del prestigio de los automóviles japoneses deportivos como el Nissan 350Z. Sin embargo, en 1969, la idea de que Japón podría producir otra cosa que no fueran cajones económicos desataba carcajadas en los salones del sindicato en Detroit.
La risa se detuvo cuando el Datsun 240Z, con un precio de $3,500, apareció en la ciudad: un automóvil elegante y económico que podía hacerle frente al Porsche y se convirtió en un éxito rotundo. Cuatro décadas más tarde (¿realmente pasó tanto tiempo?) el modelo Z todavía se sigue vendiendo bien.
Veinte años más tarde, fue el Lexus el que sacudió el status quo. Cuando Toyota lanzó su marca de lujo en 1989, se escucharon risas escépticas entre algunos observadores, ante el descaro de que Japón se atreviera a enfrentarse a los reyes de los automóviles de lujo en sus castillos alemanes. A un precio de oferta de $35,000, el sedán Lexus LS 400 no sólo se vendía a un precio que era $25,000 más barato que el del Mercedes-Benz Clase S, sino que difundió el mensaje de que Japón podía fabricar y fabricaría con éxito automóviles de lujo. Pero igual de importante, Lexus ayudó a Mercedes a despertar de su ensueño, en el que los hechizados estadounidenses seguirían pagando precios exorbitantes por automóviles que no eran apreciablemente mejores que los de los nuevos competidores. En otras palabras, estaban pagando por la chapa, y no por el automóvil en sí. ¿Qué ocurrió?
Mercedes se vio obligada a contraatacar, reactivando su legendario estilo e innovación. Avanzamos rápidamente hasta 2008, para ver la línea de automóviles de Mercedes repleta de los automóviles de lujo modernos y elegantes que siempre supieron hacer. Todos resultaron ganadores. La próxima ola Hoy empresas como Hyundai de Corea del Sur están sacudiendo el vecindario. Su sedán de lujo Genesis saldrá a la venta este verano, con un precio inicial inferior a los $30,000. Los compradores del Genesis podrán obtener algunas características dignas de verse, entre ellas un motor opcional V8 de 368 caballos de fuerza, el primer motor de ocho cilindros en la historia de Hyundai.
Genesis también usa la misma excelente caja automática de seis velocidades que los modelos BMW 6-Series, Jaguar XK y Maserati Quattroporte, que pueden costar más del triple que el Hyundai. El nuevo sedán Genesis suena interesante en teoría y las características y la calidad drásticamente mejorada de Hyundai han impresionado a todos últimamente. Pero también está en juego la cuestión del status.
Con tantos compradores de automóviles de lujo que están felices de pagar más por una marca, ¿habrá suficientes personas que paguen menos para estacionar un Hyundai en la puerta de casa? Para probar la reacción del público, Hyundai reunió a más de 1,200 consumidores y les permitió manejar y examinar atentamente el sedán Genesis, con las chapas inicialmente tapadas con cinta. Al tratar de adivinar la identidad del automóvil, muchos consumidores sugirieron nombres como Infiniti, Lexus y Mercedes. Eso es algo muy bueno para una empresa como Hyundai, afirma John Krafcik, vicepresidente de desarrollo de productos de Hyundai. “Estamos buscando compradores que digan: ‘No me preocupa la imagen.
Sólo quiero obtener el mejor automóvil por el dinero que pago’”, indica Krafcik. “Con el tiempo, tal como ocurrió con el Corolla en la década de 1970 o el Lexus en la década de 1990, otras personas empezarán a decir lo mismo”. Krafcik agregó que la baja en la economía y las ventas de automóviles sólo pueden beneficiar a los fabricantes de modelos de alto valor. “¿Chapa? No necesitamos chapas. . . ”
Suzuki, por su parte, presentará el sedán deportivo Kizashi a los concesionarios en 2010. Con su parrilla de perfil bajo, el Kizashi pide prestada una página (o quizás, un capítulo) de la estrategia de estilo de Audi. Pero con un motor V6 de unos 300 caballos de fuerza, el Kizashi tratará de convencer a las personas de que Suzuki es más que simplemente motocicletas calientes y automóviles tibios. Incluso los superautomóviles como Ferrari y Porsche tienen competidores a los que han subestimado mordisqueándoles los talones de sus zapatos Prada.
El Nissan GT-R sale a la venta en junio. El GT-R, que en Japón es conocido como “Godzilla”, es un verdadero dragón, con tracción en las cuatro ruedas y un motor V6 biturbo de 480 caballos de fuerza. Tuve la oportunidad de manejar el GT-R en el circuito Reno-Fernley en Nevada, y su desempeño fue asombroso: de 0 a 60 mph en tan sólo 3.5 segundos y una velocidad máxima de 193 mph. Una vez más, el Nissan está equipado con el tipo de tecnología que le hace a uno preguntarse por qué otros automóviles deportivos similares tienen un valor de venta de seis cifras y más… aparte del nombre vistoso. El GT-R ya ha corrido una vuelta de 7 minutos, 38 segundos en el legendario circuito de Nürburgring en Alemania. Ésa es la segunda vuelta más rápida que haya realizado cualquier automóvil de producción en la historia, superada únicamente por el Porsche Carrera GT, un automóvil de producción que ha dejado de fabricarse y que hoy en día cuesta $440,000.
El GT-R, en cambio, costará tan sólo $69,850 cuando salga a la venta este verano. Indudablemente, es un montón de dinero por un Nissan. Pero no es un montón de dinero por un Nissan que puede competir con automóviles deportivos que cuestan dos, tres e incluso cuatro veces más. Es posible que el status esté sobrevalorado. Nissan, Hyundai y Suzuki podrían tomar prestada la famosa frase de El tesoro de Sierra Madre, la cinta de John Huston: “¿Chapa? No necesitamos chapas

